QUE NO, QUE NO, QUE NO ES ASÍ
NICOLÁS GUERRA AGUIAR
Mi querido ex alumno Javier Durán acaba de darme el punto de partida para el comentario sobre la designación -que no democrática elección- del señor Santiago Castellano como presidente del Consejo Social de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. A él (a Javier, es obvio) le agradezco la necesaria y precisa aclaración de que, en el fondo y en la forma, sólo están recibiendo los profesionales de la política (y el actual don Francisco Santiago, el de hoy, representa esa profesionalización) compensaciones económicas por haber perdido los cargos tras las elecciones ha poco celebradas, por más que el pueblo haya dicho que no a la continuidad de determinadas personas, háblese de ex alcaldes como el de Telde, trátese de gentes «entregadas y sacrificadas» por el bien común. ¡Cómo se respeta la voluntad popular! ¡De coña¡
La contundente afirmación de Javier de que se trata de dar fonda y plato a uno de los grandes perdedores de las últimas elecciones no hace más que confirmar, con claridad diáfana, lo que vengo sosteniendo desde hace unos pocos años: la actual Coalición Canarias es, en esencia, pesebre, conjunción de personales intereses, momentánea solución a determinadas situaciones de paro profesional. Se comprueba su aislamiento de las auténticas necesidades de un pueblo que creyó en ella, que aspiró con ella a nuevas señas de identidad, que se ilusionó -en medio de sus angustias- con aquel mensaje novedoso, excitante, fresco, cargado de especiales connotaciones, y que pareció el elemento descubridor de que todavía nos quedaba una última oportunidad, por más que esta llegara bendecida por hisopos o por definiciones revolucionarias, que en apariencia estaban identificándose ante la urgente necesidad de un pueblo perdido en medio de palabras, guiños y usurpaciones de su propia personalidad.
Yo no digo que el nombrado y no elegido señor presidente del Consejo Social de la ULPGC tenga que ser, a la fuerza, universitario. Es más: me parece que desde finales de los setenta (primeras elecciones aparentemente democráticas) el gobierno de un ayuntamiento como el de Telde o de cualquier otro comprometido con planteamientos de respeto a las libertades debió resultar, sin duda, mucho más difícil y complicado que llevar hoy la presidencia del órgano universitario del que hablamos. Por suerte, las especiales y peligrosas situaciones de hace veinticinco años no se manifiestan ni están condicionando el normal desarrollo de las instituciones. No era universitario don Francisco Santiago cuando desde 1978 llevó a Telde a la modernización que la define hoy, a ser la cuarta ciudad del Archipiélago no ya sólo por el número de habitantes, sino por su propia identificación personal. Reitero que, posiblemente, jamás haya tenido Telde un alcalde como Paco Santiago (permítaseme el trato familiar por la amistad). Pero, desgraciadamente, hasta los pensamientos se corrompen; las buenas intenciones iniciales se transforman cuando se descubre que el poder lo es todo, que el poder paga, que el poder controla, que el poder se metamorfosea en bienestar personal, en comodidades, en nominillas, en coches oficiales, en ventanas desde las que se observa cómo el pueblo de a pie camina desorientado a la búsqueda de ya no sabe qué, sin ilusiones perdidas o metas inalcanzables. Y las ventanas de organismos oficiales se cierran por órdenes superiores para que ilusiones y utopías no mancillen los cómodos sofás (o "sofases") desde los que se gobierna, desde los que se pacta con quien sea, desde los que se sopesan las ventajas personales que puedan tener las renuncias a elementales principios de ética política, la que hace veinte años se vendió casi a precio de oro mientras se envidiaban las plataformas que conducían al poder, el maldito poder que corrompe a quienes ya no saben ni lo que fueron, ni lo que significaron para ciudadanos que miraban con ilusión aquello de sus derechos políticos, sociales y económicos.
No, no es eso, sin duda, lo que el pueblo deseó. Los ciudadanos de Gran Canaria pidieron cambios, urgentes transformaciones, vitales modificaciones desde las propias esencias del pensamiento y de la acomodación. Y si no llegó a entender del todo que se transformara en oposición a un supuesto Partido Socialista para que el pacto de Coalición Canaria con el Partido Popular triunfara a la búsqueda de un algo etéreo, sutil y transformado, sí calló porque creía en quienes así habían actuado, tal era su desespero y su ilusión. Pero hoy, los pocos cargos que quedan de aquel delirio icánico miran más hacia las inmediatas elecciones de marzo que hacia las rigurosas éticas definidoras de serios planteamientos, de racionales y emocionados sentimientos de un pueblo que cerró sus ojos hace trece años para que las nuevas ilusiones fueran al poder. Ahora, tras este nombramiento, nadie da explicaciones, nadie justifica las razones (porque a lo peor no existen) de nuevos bandazos, de extrañas maniobras que sólo llevan a establecer en órganos retribuidos a quienes perdieron las elecciones. ¿Cuántos cargos nuevos son necesarios para ubicar, por fin, a los perdedores? No sé, en verdad. Sólo sé que es imposible dar cabida a tantas ilusiones frustradas. Y eso da pena. Por mí, por ellos y por ustedes. ¿Y se quejan del triunfo de la derecha? ¿Es que existe CC como algo distinto?
niguea@hotmail.com
Publicado en LA PROVINCIA/Diario de Las Palmas.
Lunes, 1 de diciembre de 2003