RADIO MACUTO (1)
TEODORO SANTANA
Lo decía Boris Vian: "Todos los muertos tienen la misma piel". Sí, todos los muertos. En Nueva York, en Kabul, en Basora, en Bagdad. No obstante, nos sobrecogemos más sinceramente cuando tocan de cerca. Cuando el despiadado empeño de un gobernante mediocre ha traído el frente de la guerra de Irak a Madrid. Se habían aguantado carros y carretones. Todo el mundo sabía que lo de las armas de destrucción masiva eran mentiras. Que en el chapapote se mintió. Que TVE y el señor Urdaci habían sido condenados por manipulación en el tema de la huelga general. Pero ya mentir sobre los cadáveres aún humeantes de doscientas víctimas inocentes fue pasarse de rosca. Sin embargo la propaganda gubernamental funcionaba a toda máquina desde el jueves [11-3-04] por la mañana. Las televisiones del régimen. Las emisoras de radio del régimen. Los periódicos del régimen. Y también la incredulidad de que pudieran llegar a tanto. El temor a desentonar de una izquierda a la que le temblaban las piernas.
Pero, poco a poco, inexorablemente, la verdad iba abriendo fisuras en la versión oficial. La prensa extranjera daba noticias que contradecían al gobierno. El sábado [13-3-04] las evidencias eran imparables, mientras la teleagresión llegaba al paroxismo. Pero quedaban pocas horas para que se abrieran los colegios electorales, y la inmensa mayoría de la población no sabía aún la verdad. Se estableció una desigual carrera entre la poderosísima maquinaria mediática moderna y la sencilla Radio Macuto, es decir, el boca a boca ciudadano. Claro que, esta vez, Radio Macuto disponía de nuevas tecnologías: correos electrónicos por Internet, mensajes por móviles, llamadas de teléfono... Enfrente, contraprogramación en la televisión. Histeria propagandística en las radios. Machaque cerebral gubernativo a tope. Sólo la SER mantuvo el tipo, aunque la fuerza de la mentira era abrumadora. Entonces se produjo el milagro. La sencilla y cívica Radio Macuto empezó a ganar la desigual batalla. No todo el mundo se enteró a tiempo, pero sí la gente suficiente. Y la verdad nos hace libres. Enhorabuena, ciudadanos.