Reclamando mayorías absolutas

Abelardo Gómez Márquez

Lo ha vuelto a hacer. Ya lo pregonó en las pasadas elecciones municipales de mayo y ahora vuelve a la carga: quiere una mayoría absoluta para Rajoy. Soria, actual presidente del Cabildo de Gran Canaria y anterior alcalde del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria (hasta agotar existencias) no sabe vivir sin una mayoría absoluta. Pero tiene algo bueno: lo reconoce públicamente. Las mayorías absolutas son para los políticos una tentación a la que creo que nadie se ha podido contener, pues les pone en bandeja la posibilidad de hacer lo que les venga en gana sin tener que dialogar-discutir-negociar nada con nadie. A poco que uno lo mire, feo, feo queda eso, ya que la actividad política generalmente se desarrolla en un lugar llamado Parlamento, es decir, lugar al que se asiste para hablar. Por tanto, parece que una de las cualidades propias del buen político debe ser la capacidad de dialogar, discutir y convencer a sus adversarios de que sus iniciativas son positivas para el interés general, esto es, para el ciudadano de a pie. Y aquel que sea incapaz dialécticamente, pues simplemente no sacaría adelante sus iniciativas... a menos que tenga una mayoría absoluta.

No nos fue bien con las mayorías absolutas del PSOE, pero la última del PP ha sido nefasta. Durante la legislatura que afortunadamente se acaba, el PP ha convertido la idea que teníamos de democracia en algo más bien cercano a una microdictadura, por su nula capacidad y voluntad para el diálogo; con esto, uno piensa que lo bueno de la democracia es que tenemos la posibilidad de que las dictaduras duren sólo cuatro años, y después ya se verá.

Para terminar, qué quieren que les diga, pero si estuviera en mis manos, por un lado prohibiría las mayorías absolutas y, por otro lado, condenaría al destierro político a aquel que pidiese una mayoría absoluta, simplemente por ser esto una manifestación clara de incapacidad para desarrollar la función pública de una manera leal y respetuosa con el ciudadano.