En torno a la necesaria y cercana República Kanaria

Francisco P. De Luka

Vuelven, como cada año en estas fechas, las viejas reivindicaciones ritualísticas de los republicanos españoles, inmersos de lleno en la sempiterna matraquilla de arrastrarnos a los independentistas canarios en la voluntarista lucha por la instauración de la III República allá en su país. Es que parece que aún no lo han entendido. O no lo quieren entender. Ellos, afincados aquí en la colonia junto con sus adláteres autóctonos, todavía no se han enterado que en las manifestaciones populares de nuestras islas sobran las banderas españolas de todo tipo y pelaje. Que lo que llevamos a cabo los nacionalistas consecuentes es una lucha política seria y firme. Invocan la presencia de la histórica bandera nacional de las siete estrellas verdes, la akenyal aghelnaw n sa yetran izegzawen, a través de los cantos de sirena en forma de carteles convocando a una próxima concentración en compaña de la bandera de la franja morada. Chico despiste. O fuerte cara. El hecho de la existencia de una República como forma de gobierno en el Estado colonial español no implica necesariamente el respeto al derecho de nuestro pueblo a la Autodeterminación e Independencia.

Ahí tenemos el ejemplo de Francia que aún mantiene con ahínco sus posesiones de ultramar como son la isla de Reunión, en nuestro Continente, Nueva Caledonia, en el Pacífico, o los territorios centro-americanos de Martinica y Guadalupe. Evidentemente, nos decantamos por el sistema republicano a nivel mundial como ideal de justicia y verdadera democracia que emana del pueblo, instaurado aquel desde el triunfo de la Revolución Francesa en contraposición a los vetustos regímenes monárquicos. Saludaríamos, como no, la aceptación por parte de un hipotético gobierno republicano español del hecho colonial canario y del consiguiente calendario de descolonización. Pero esto es pensar, por ahora, en pajaritos preñados. Nos parece muy bien que los republicanos españoles luchen por sus ideales pero, obviamente, sin mezclar al nacionalismo independentista canario en esa lucha. Lo contrario sería confundir, con lo cual incurrirían ya en una maniobra igualmente colonialista en forma de cortina de humo para distraernos de nuestra verdadera y legítima meta como pueblo y nación del mundo. La grave situación sociopolítica y economica por la que atraviesan las Islas actualmente nos da pie para aprovechar el tema republicano y hacer algunas consideraciones en relación a la República Kanaria, la nuestra.

Es necesario volver a insistir en el ejercicio del Derecho a la Autodeterminación e Independencia y la puesta en práctica del correspondiente calendario de descolonización como territorio ajeno a Europa, situado en otro continente, de etnia mayoritaria amazigh (con aportaciones de otras latitudes) y conquistado por la fuerza de las armas hace ya más de cinco siglos. Este Derecho está contemplado en la ONU en la Resolución 15/14 de 1960. Estas son las verdades históricas hasta ahora ignoradas por el colonialismo español. A partir de aquí analicemos la situación real actual.

El hecho de "pertenecer" al Estado Español "ricamente vestidos" con los ropajes de la denominada "Comunidad Autónoma de Canarias", con un cierto nivel de bienestar económico, no invalida en absoluto la legítima aspiración de sectores cada vez más crecientes de nuestro pueblo a la emancipación política, socio-cultural y económica de las Islas. No olvidemos a este respecto, independientemente de las actuales componendas políticas de los canarios de servicio y de la Metrópoli, el profundo pensamiento del político republicano español Pí y Margall que ya en el siglo XIX defendía el legítimo derecho de los pueblos a decidir su propio destino: "Nunca se adquiere la propiedad sobre las tierras conquistadas por la fuerza, ni aún con la prescripción de los siglos".

Posiblemente se refería antes que nada a Catalunya, su tierra natal. Pues bien, partiendo de esta base las ideas están muy claras. Tenemos, más que ningún otro territorio, el derecho a la independencia. Canarias (junto a las posesiones coloniales de Sebta y Mililia, también llamadas eufemísticamente "Ciudades Autónomas") está situada en el entorno del Noroeste Africano y somos otra historia. Somos caso aparte. Entramos de lleno en una asimetría político-territorial absoluta que los "padres" de la Constitución española de 1978 se negaron sistemáticamente a admitir con la ya conocida fórmula del "café para todos". Nuestro "status" socio-económico e histórico es totalmente distinto a los territorios metropolitanos. Catalunya, Euskalherria y Galiza no son colonias del Estado Español. Nosotros sí lo somos aunque, repito, maquillados política y "convenientemente" con el ostentoso título de "Comunidad Autónoma". Hubo un amplio sector de la población canaria que no votó la Constitución de 1978, en contraposición al voto favorable de los españoles que aquí residían y de los canarios asociados, muchos de estos últimos aún bajo el peso de los 40 años de la losa ultranacionalista que representó el franquismo y que supuso un fuerte debilitamiento de la conciencia nacional y cultural canaria que ya comenzó a fraguarse desde la mitad de la segunda década del siglo XX. La condición de "Comunidad Autónoma" es el principal argumento que esgrimen los canarios de servicio y el Gobierno español a la hora de rechazar el proceso descolonizador. Pero en realidad somos un territorio "no autónomo", eso sí, con bastante mala fortuna. Nos neutralizaron la presencia en el Comité de Descolonización de la ONU en Abril de 1978, una época histórica y verdaderamente propicia, con el criminal atentado en la persona del Secretario General del MPAIAC, Antonio Cubillo, llevado a cabo por el Estado Español, ya reconocida actualmente dicha responsabilidad por sentencia firme de la Audiencia Nacional de dicho país. Si se llevò a cabo esta acción terrorista de Estado es que existían muchas posibilidades de conseguir nuestro objetivo. En ese tiempo existía una fuerte conciencia nacional canaria en nuestro pueblo extendida a todos los sectores, incluída la pequeña y mediana burguesía isleña, más desarrollada que la actual por no estar tan castigada por los monopolios y las multinacionales extranjeras. Esta circunstancia se tradujo en las masivas votaciones a la UPC en las elecciones de 1979 que también se malograron por perversas maniobras internas y externas de distinto tipo en las que no entramos. El paso siguiente fue la creación, en 1982, del Estatuto de "Autonomía" no votado por el pueblo e impuesto por la fuerza por la Metrópoli a través de sus asociados isleños y la subsiguiente "Junta de Canarias", precursora del actual Gobierno "nacionalisto". Otros pasos sucesivos fueron la desaparición real de las excepciones isleñas representadas en el histórico Régimen de Puertos Francos, paulatinamente arrebatado a las Islas con la entrada forzosa y gradual en la CEE a partir de 1986, y más tarde de pleno derecho en le UE, sin consultar a nuestro pueblo.

El resultado actual, en 2004, es el que todos conocemos: una situación preocupante en el aspecto económico (a pesar de las migajas que caen de la mesa del banquete de los foráneos que "permiten" a nuestro pueblo comprar un coche o un vídeo a plazos, en una escalada consumista sin precedentes y fustigado aquel con el látigo del endeudamiento personal), con un paro y una inflación (consecuencia del euro) crecientes; una pérdida de identidad cultural y un deterioro social gravísimo que afecta a los valores tradicionales isleños, agravado por la acción nefasta del alcoholismo y la drogadicción entre nuestros jóvenes; un déficit educativo y un nivel de fracaso escolar muy preocupante que afecta a nuestros estudiantes tanto en la vertiente universitaria como en la formación profesional; un devastador conjunto de atentados ecológicos que incluso van a hacer desaparecer el monocultivo del turismo, aparte de la práctica destrucción de la agricultura, la ganadería, la pesca y las pequeñas industrias manufactureras tradicionales.

El colonialismo español, ayudado por sus asociados isleños, está haciendo cada vez más dependiente a nuestro pueblo, intentando castrar políticamente a los elementos fundamentales de la sociedad canaria: la clase trabajadora (a través de los sindicatos metropolitanos) y la burguesía, a esta última desposeyéndola del orgullo nacional con una política de subvenciones y una resignación estoica ante la entrada masiva de capital foráneo representado en las grandes superficies de las multinacionales.

¿Qué hacer? A mi juicio el camino correcto para conseguir el objetivo es la implicación de todos los sectores sociales canarios, consolidando además una burguesia nacional canaria no monopolista desprovista del "chip" españolista que reclame la vuelta al Puertofranquismo. Hay que recuperar y convencer a este importante sector productivo. El proceso de liberación nacional no pasa exclusivamente por la clase trabajadora canaria con todo lo que esta supone de importante peso específico en la sociedad isleña y a pesar de ser la mayoría social. La clase trabajadora no es la única perjudicada por el colonialismo español. Puede ser la más concienciada tradicionalmente pero no la única perjudicada. También la pequeña y mediana burguesía canaria, hoy día totalmente españolista, sufre las contradicciones socio-económicas propias del sistema de explotación ultraliberal que impera en el mundo capitalista occidental, aunque no alce su voz y aguanten lo indecible por "lealtad" a la Metrópoli. Tenemos que romper esta actitud paralizante y convencer a los empresarios canarios, la mayoría de derechas, pero canarios al fin y al cabo, de la necesidad de romper con España para sobrevivir económicamente. Tenemos que explicarles de qué vamos a vivir: turismo controlado por touroperadores isleños; agricultura de exportación plenamente desarrollada (un ejemplo reciente ha sido el valiente paso dado por los exportadores de plátano que van a introducir masivamente el fruto en Polonia, con mínimos costes de promoción) no aceptando las humillantes limosnas europeas; industrias de manufacturas: pilas, cemento, transistores, neumáticos, tecnología punta, etcétera, a fin de practicar un comercio de exportación con los países del Africa Occidental en vías de desarrollo, los cuales se van a ver beneficiados a partir de ahora de las ayudas de la UE a fin de evitar la inmigración ilegal, el gran problema actual de los europeos; desarrollo de la pesca en el banco pesquero canario-sahariano con acuerdos puntuales con los países vecinos; prospecciones petrolíferas en las islas orientales desalojando a las empresas españolas que quieren explotar nuestras aguas.

Hay motivos suficientes para que los empresarios canarios se den cuenta que sin la atadura con la Metrópoli todo sería más fácil en el marco de las buenas relaciones con los países del Maghreb, sin estúpidos recelos o temores a supuestas "invasiones" sugeridas malévolamente por el poder colonial y sus asociados en las Islas. En los albores del siglo XXI los países del entorno norteafricano se caracterizan por una clara apuesta por la modernidad, la capitalización y la democracia en bien de sus respectivos pueblos. Es preciso actuar inteligentemente, sin aspavientos y con la planificación organizativa necesaria y, muy importante, con mentalidad de estado aunque todavía no lo seamos.Y por supuesto, paralelamente fomentando el crecimiento de una clase trabajadora canaria culta, fuerte y luchadora, agrupada en un gran Sindicato Nacional, el CUTN (Central Unica de Trabajadores Canarios), que sepa plantar cara a los posibles excesos del capitalismo local. Pienso, por otro lado, que el paso de los trabajadores canarios hacia la independencia depende muy mucho de la actitud de los empresarios. Suena así de duro, pero es así. El debilitamiento y el ocaso del comunismo y del socialismo revolucionario a nivel mundial, salvando honrosas excepciones, es una realidad que no se puede obviar. Pensar lo contrario es vivir en la utopía más estéril.

La apuesta nacional de las dos clases sociales canarias por la independencia debe arrancar desde el motor de la economía (desde la "barriguita llena", expresado coloquialmente) que es la inciativa privada y no desde otra perspectiva. Lo que mantiene unida a buena parte de nuestra gente a la Metrópoli es el miedo a pasar hambre. Así de claro. Hay que romper este cerco mental y demostrarles que solos podemos vivir perfectamente comerciando con el resto del mundo, que estamos seguros nos aprecian mucho más que a España. Hay que dar el paso. Sin vacilaciones ni miedos. Debemos abrir un diálogo con los empresaros canarios, franco, amplio y sincero. Debemos aspirar a que los convencidos sean la mayoría (los que no estén de acuerdo tendrán la posibilidad de establecerse en su España, pues ancha es Castilla) y que estén dispuestos a formar parte de un Estado canario republicano, federal, democrático y pluralista, con un Gobierno salido de unas elecciones libres, en el que el sector público tenga el peso suficiente para el bienestar social, favoreciendo incluso la cogestión de empresas, como bien recoge la Mesa para la Unidad Nacional con la que tenemos grandes coincidencias. Debe haber un gran "Pacto Nacional" democrático para no caer, evidentemente, en una nueva forma de neocolonialismo. Una vez independientes, debe establecerse un sistema de nacionalización de algunos sectores clave de la economía canaria, impidiendo la entrada masiva de capital foráneo y, en todo caso, controlando las inversiones y la entrada de trabajadores extranjeros mediante una efectiva Ley de Residencia.

La pequeña y mediana burguesía, los intelectuales y la clase trabajadora y campesina tuvieron un papel fundamental en las luchas de liberación de los países del Maghreb a fin de sacudirse el yugo colonial francés y español. En esos países hermanos bereberes todo el pueblo participó en la lucha pacífica por la independencia, especialmente en los casos nada traumáticos de Tunisia y Marruecos.

En definitiva, planteamos la salida de la UE, la vuelta al Puertofranquismo y unas relaciones económicas excepcionales y preferenciales con la UE como "tercer país", modelo del que se están beneficiando actualmente países como Marruecos, Argelia y Tunisia que, por cierto, poseen unas instalaciones turísticas con las que habremos que competir, ofertando un turismo de calidad no masificado. Es preciso revitalizar nuestros paisajes y permitir el retorno al campo de nuestros agricultores y ganaderos y de sus jóvenes descendientes que actualmente se malogran en las barriadas del cinturón de nuestras grandes ciudades. En el aspecto ecológico somos partidarios de la tolerancia cero frente a la especulación urbanística y de fijar un cupo turístico. Con lo que ya existe, bien administrado y rehabilitado, el turismo seguirá representando un papel fundamental.

Creemos por tanto que el momento es bueno, dado que el próximo 1 de Mayo se ampliará la UE con la entrada de varios países del este europeo, con lo cual Canarias quedará más perjudicada en relación a las ayudas y diluída su influencia en el entorno europeo por ser, inexorablemente, un territorio ultramarino alejado del continente europeo. Llegará un momento en que a la UE los territorios verdaderamente coloniales como Canarias, Reunión, Mayotte, Martinica, Guadalupe, Madeira, Nueva Caledonia, etcétera, ya no les sean rentables en una configuración política europea que presentimos tiende hacia una estructura federal a medio plazo.

Habrá llegado la hora de la verdad para encarar el destino de Kanaria como Nación independiente y se hará bueno el conocido dicho "Más vale ser cabeza de ratón que cola de león".