RETIRADA

TEODORO SANTANA

La cantidad de estadounidenses muertos en Irak (más de 400) ha sobrepasado la de los caídos en los tres primeros años de la guerra de Vietnam. Según las estadísticas del Departamento de Defensa estadounidense, la guerra de Vietnam causó la muerte de 392 estadounidenses desde 1962 a 1964, cuando Estados Unidos tenía en Indochina a más de 17.000 soldados (ahora mantiene en Irak 130.000 efectivos, la misma cantidad que había en Vietnam en octubre de 1965). Están "montados a lomos de un tigre": ni pueden seguir encima ni se pueden bajar. Sin los beneficios del petróleo, con los oleoductos constantemente volados, sin apoyo alguno entre una población que festeja cada acción de la resistencia, el problema ahora es como salir salvando los muebles que pueda. La retirada que ya se planea, no va a ser fácil desde el punto de vista militar. Pero también va a suponer un descrédito enorme de la política usamericana.

Si ya EE.UU. es el único país del mundo que ha sido condenado por el Tribunal Penal Internacional de La Haya por practicar el terrorismo internacional (por las acciones criminales realizadas contra Nicaragua), la realidad de una guerra sin sentido, justificada sobre evidentes mentiras, y encima perdida, puede ser demoledora. Y rompe su estrategia de atemorizar al resto del mundo. Sin embargo, no hay que echar las campanas al vuelo. Esta retirada va a ser larga y terrible. Miles de irakíes más van a morir todavía a manos de las tropas invasoras. Las consecuencias económicas y sociales mantendrán la penuria durante generaciones. El envenenamiento de la tierra y del agua por las bombas con toneladas de material radioactivo pesará como una losa sobre la salud y la genética de la gente (incluidos los soldados que están sobre el terreno). Sea como sea, ya todo el mundo sabe que EE.UU. ha perdido la guerra y que se está en plena retirada. Todos menos Aznar, claro. Al final se van a ir todos menos los españoles. Los últimos de Diwaniya, o sea.

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