COMUNICADO
con motivo de la catástrofe que ha afectado a la ciudad de Añaza, capital de la isla de Tenerife, Canarias.
El pasado 31 de marzo, una terrible tromba de agua cayó en la vertical de la capital tinerfeña con enorme aparato eléctrico, ocasionando una riada de caracteres catastróficos, teniéndose que lamentar seis fallecidos y varios desaparecidos y dejando a la ciudad en un estado desastroso.
El CNC, antes que nada, hace llegar su más sincero pésame a las familias de las víctimas y el reconocimiento a todos los ciudadanos que desde el primer momento ayudaron a paliar las enormes deficiencias de unos servicios inexistentes para estos casos, y más cuando se había avisado de los posibles riesgos de una borrasca importante.
Verdad es que el Servicio meteorológico de la metrópoli, cuando se refiere a Canarias no da muchas precisiones y se suele equivocar muchas veces, ya que no tiene en cuenta que Canarias está en el continente africano, en una zona sub-tropical, al lado del mayor desierto del mundo y en la ruta de los grandes cúmulos de nubes calientes que se forman en el golfo de Guinea y en el sur del océano Atlántico y que al subir hacia el norte y encontrarse con masas frías, procedentes del norte o del nordeste, suelen producir trombas y riadas como la que cayó el día 31 pasado.
En Tenerife no es la primera vez que esto sucede, algunas veces con caracteres catastróficos como la que sucedió en 1.826, cuya riada se llevó en el municipio de Candelaria el santuario y el convento y la imagen de la virgen de Candelaria y cientos de casas y más de dos centenares de personas que perecieron. En el Valle de la Orotava, ese mismo día, las víctimas fueron 139. Posteriormente, a lo largo de los años, han habido otras riadas, pero en aquellos tiempos se respetaba el cauce de los barrancos y no había esa anarquía en la construcción de edificios e inmuebles en zonas de paso de las aguas y en las escorrentías.
Catástrofes como estas deben hacernos reflexionar y exigir de los ayuntamientos y cabildos de las islas el respeto de los barrancos, el respeto de la naturaleza y de las ordenanzas municipales, sobre todo en los barrios populares que quedan desprotegidos por ayuntamientos, como el de la capital tinerfeña, donde el alcantarillado se ha hecho sin pensar en grandes lluvias, se ha autorizado la construcción de edificios en barrancos y otros lugares de paso de las aguas, se han construido parkings municipales y privados sin prever desagües; se han instalado transformadores de electricidad en subterráneos o lugares que se han llenado de agua con las lluvias torrenciales. Los teléfonos y servicios de distribución del agua potable no reúnen las mínimas condiciones para situaciones de riego normales, y los alcantarillados no se limpian regularmente para prever situaciones de grandes lluvias, cuya caída el pasado 31 ocasionó una situación de catástrofe con las correspondientes víctimas.
El CNC cree que, antes que nada, se debe de crear en Canarias un Centro Meteorológico Canario, que tenga en cuenta la situación de nuestro Archipiélago africano y que para establecer sus partes diarios esté en contacto con los centros meteorológicos de Dakar, en el Senegal, Guinea-Conakry, Liberia, Nigeria, Cabo Verde, Recife y Pernambuco, en el Brasil; Casablanca, Nuakchot, en Mauritania, y Argelia, así como con los de la islas de Madeira y Azores y, por último, con los servicios meteorológicos de Portugal, Francia y España, en lo que concierne a los vientos del norte, así como los partes de los satélites de dichos países. No se puede seguir ignorando la verdadera situación geográfica de Canarias, si no queremos seguir padeciendo catástrofes como la que acaba de suceder.
El CNC propone, que dicho Centro Meteorológico se denomine Samanta, en honor de la niña de dos años fallecida el pasado día 31, Samanta Mendoza, la cual falleció aplastada por un coche que cayó sobre el techo de su casa y no pudo ver y gozar de su patria y tener un futuro como toda joven canaria.
CONGRESO NACIONAL DE CANARIAS (C. N. C.)
Antonio Cubillo, Presidente del CNC
Añaza, Tenerife, Islas Canarias 3 de abril del 2.002