Reseñas para la Historia: Secundino Delgado

Uno de los más preclaros próceres del nacionalismo canario, con enorme protagonismo en Cuba es, sin duda, Secundino Delgado Rodríguez. Ninguna institución cultural de las Islas Canarias podrá obviar la figura de este otro de los canarios que se formaron en América y desde la que lucharon por los ideales que consideraban más apropiados para sus islas africanas, tan malamente administradas por España y su viejo sistema caciquil.

Desde los inicios del siglo XX, al igual que otros canarios residentes en el nuevo continente, denunciaba el sistema social imperante en sus islas, pensando en la viabilidad de un Estado canario independiente de España, como ya lo eran Cuba, Puerto Rico o Filipinas. Desde su Isla de Tenerife había llegado a La Gran Antilla, siendo muy joven como tantos otros "isleños" de la época, a la búsqueda de mejores condiciones de vida que le era negada en su propia tierra inculta y falta de libertades. Aquí entra en contacto con revolucionarios cubanos y canarios que unidos por el mismo ideal de libertad lucharán por la libertad de la isla antillana.

En Nueva York conoce a otro gran patricio descendiente de canarios, hijo de Leonor Pérez Cabrera, como él tinerfeña de nacimiento: José Martí Pérez, hombre polifacético de vasta cultura, emprendedor y enfrascado en el proceso emancipador de España para su patria cubana y con el que colabora.

Considerado por los servicios de información del ejército español como "elemento peligroso", es acusado de coparticipar en un atentado con explosivos en el edificio del Palacio del Gobierno en La Habana a principios de mayo de 1896. Tendrá que huir hasta su isla natal donde será peseguido por el Capitán General en Cuba, Valeriano Weylero, que antes lo había sido de Canarias, quien, conocido su paradero, ordena su detención por telegrama a la Capitanía General de Santa Cruz de Tenerife, no pudiéndose cumplir en esta ocasión al haber huído Secundino a Venezuela.

Más tarde aquel inicial independentista canario intransigente, desde Florida y Cuba, torno su ímpetu en los últimos años de su vida para convertirse en un moderado autonomista, tal vez desengañado por la falta de colaboración de su propio pueblo por el que se sacrificaba, culminando en su detención el 2 de marzo de 1902, por nueva órden de su mayor enemigo: el General Weyler, derrotado en Cuba y ahora Ministro de la Guerra, que dispuso su detención y prisión en una cárcel de Madrid.

Lamentables fueron los últimos años de su vida. Aquella órden se cumplió y Secundino fue detenido por el Cuerpo de la Guardia Civil, recién creado en las Islas Canarias, cuando se hallaba en su casa de descanso de Arafo y conducido a pie y esposado hasta Santa Cruz de Tenerife y desde allí trasladado como un vulgar delincuente hasta Cádíz y seguidamente ingresar en la Cárcel Modelo de Madrid.

El asunto, poco claro, de su detención, ya que Cuba era independiente de España, y dada su nacionalidad cubana, trascendió a la Prensa de toda España y al propio Congreso español donde ningún diputado pudo dar razones para justificar aquella detención. El propio Nicolás Estévanez intervino en su defensa lográndose por último que fuera puesto en libertad.

Hoy en día, y por mor dela aparición de nuevos e inéditos documentos que han aflorado a la luz, las investigaciones y recopilación que historiadores canarios llevan a cabo acerca del personaje, se conocen nuevos rasgos de la vida de este mártir del nacionalismo.

El profesor Dr. Manuel de Páz Sánchez de la ULL, en homenaje a la REvista ROA, dedica a Secundino Delgado el siguiente panegírico: " ...al hacer públicos estos materiales, atendemos con gusto a la sugerencia del editor de la revista, de cara a contribuir al conocimiento de nuestro pasado histórico mediante la aportación de fuentes inéditas acera de un fenómeno que, en los últimos tiempos y por diversas circunstancias científicas y socio-políticas-culturales, ha interesado a buen numero de estudiosos y profesionales de la historia..."

*MIGUEL LEAL CRUZ

* Es LICENCIADO EN HISTORIA Y PERIODISTA