16, 2003 [diáspora-noticias]
TESTIMONIO...
TESTIMONIO DE UN SOLDADO COLOMBIANO
LA GUERRA EN EL OJO DE SUS PROTAGONISTAS
Aunque apenas está saliendo de la adolescencia, Camilo ya conoce de los rigores de la guerra y, desde su óptica de soldado de las Fuerzas Militares de Colombia, es consciente de la cada vez más complicada situación de orden público de este país, por lo que afirma sin ambages que en las actuales circunstancias "es prácticamente imposible ganarle a la guerrilla".
Con 19 años recién cumplidos, este joven atraído por su afición a los aviones se enroló en la Fuerza Aérea Colombiana pensando en que podría cumplir su sueño de ser piloto, pero nunca imaginó que la caótica situación de su país lo llevara a enfrentarse y a combatir con muchachos de su misma edad que están en el otro bando, es decir, en las columnas guerrilleras.
En la Fuerza Aérea no solamente le enseñan a pilotear aviones de guerra sino que recibe adiestramiento para el manejo de sofisticados helicópteros Black Hawk, K-Max o Huey y en no pocas ocasiones le ha correspondido salir al mando de una compañía a patrullar en las denominadas "zonas rojas" de orden público.
Ya está adaptado a la crudeza de la confrontación armada que se libra en Colombia y es consciente, además, que está poniendo el pecho muy seguramente en vano y que en cualquier momento puede morir. Lo triste es que no ha logrado comprender porqué diablos está luchando. Y si esta lucha que está librando, en un país que no le ofrece ningún tipo de oportunidades, valdrá la pena.
GUERRA REAL Y GUERRA MEDIÁTICA
Cada vez que sus superiores se lo permiten, Camilo viaja hasta Bogotá a visitar a sus familiares. Cuando sale a la "civil" como en el argot de la milicia se denomina al hecho de ausentarse por algunos días de los cuarteles o de las guarniciones militares, se da cuenta de que una cosa es lo que difunden los medios de comunicación al país y al mundo sobre el conflicto armado y otra muy diferente la realidad que se vive de primera mano cuando se está en el campo de batalla.
"La dureza de los hechos que muestra la televisión y las cadenas internacionales de noticias sobre esta guerra es poca en contraste para quienes tenemos que vivir el conflicto a diario", dice este soldado que en más de una oportunidad, durante la charla, se ríe de las mentiras oficiales y de las versiones que dan los telenoticieros sobre el papel que desempeñan las Fuerzas Militares de Colombia.
¿Acaso no es cierto lo que se informa por los medios de comunicación?, es la pregunta obligada a Camilo.
- No, que va, lo que se informa -responde- no es ni la mínima parte de la realidad. Se miente mucho y casi nunca se dice la verdad sobre las bajas que sufren las Fuerzas Armadas. Siempre se afirma que la mayoría de los muertos en los enfrentamientos los pone la guerrilla, cuando es ella la que nos propina por lo general duros golpes.
- ¿Pero los altos mandos militares y la Ministra de Defensa dicen que están "ganando la guerra"?
- ¿Ganando la guerra? Seguramente en su imaginación, pero yo que vengo de patrullar en varias zonas del país le puedo decir que esto está muy jodido. Vaya usted a Arauca, al Meta, al Huila, a Nariño, a los Santanderes, al norte de Antioquia, por nombrarle apenas esos departamentos y verá que eso está tomado por la guerrilla. Ahí es muy poco lo que las Fuerzas Militares han podido hacer.
Las respuestas de Camilo dejan confundidos a sus interlocutores, pues el gobierno de Uribe Vélez que le está apostando a su estrategia de "Seguridad Democrática", tiene convencido a la gran mayoría del pueblo colombiano de que la guerrilla está debilitándose ante la consolidación bélica y económica de las Fuerzas Armadas.
Camilo reitera que hay mucha manipulación respecto de lo que se informa y lo que recibe la opinión pública, agrega, ya llega muy cernido. Recordó, por ejemplo, cuál fue su sorpresa al enterarse cómo se había engañado a Colombia y al mundo respecto de los hechos que rodearon el despeje de los cinco municipios de la zona del Caguán luego del rompimiento del proceso de paz entre las Farc y el gobierno Pastrana a partir del 20 de febrero de 2002.
El entonces presidente Pastrana dio la orden perentoria a los militares de despejar de guerrilleros esa zona de 42 mil kilómetros cuadrados en un lapso de 24 horas y todo el país "comió cuento" de que así se hizo.
"Cuando llegué a Bogotá a finales de abril de 2002 -comenta Camilo- mis amigos y familiares me preguntaron cómo hicimos para despejar de guerrillos esa zona tan grande que es el Caguán en 24 horas como lo había ordenado Pastrana. Yo caí en cuenta, entonces, que le habían mentido al país, porque para desplazar más hacia el sur a toda esa gente de las Farc, el Ejército y la Fuerza Aérea nos tomamos mes y medio. Y digo nos tomamos todo ese tiempo porque yo participé de las operaciones sobrevolando en varias oportunidades esa región del Caguán. Mi centro de operaciones desde donde partían los aviones era la base de Palanquero".
- ¿Cuántos guerrilleros aproximadamente pudieron haber muerto en la operación para despejar el Caguán?
- Nuestra misión era la de forzar el desplazamiento de los guerrilleros selva adentro. Si bien hubo algunos bombardeos en la zona no tengo conocimiento de que hayan muerto guerrilleros. En principio obligamos con nuestros sobrevuelos a que salieran varias columnas guerrilleras pero ahora hay poca presencia militar en esa zona y de nuevo los guerrilleros regresaron a ejercer dominio.
BAJA MORAL
La vida de los militares colombianos cada día se torna más complicada, mayormente ahora cuando el presidente Uribe Vélez, según comenta Camilo, quiere tenerlos concentrados y en alistamiento de primer grado, aún renunciando a su vida personal y a sus sentimientos sin consideración alguna.
"Al país, -prosigue-, se le quiere hacer creer que hay una alta inversión presupuestal para el fortalecimiento del componente militar". Eso es cierto en parte.
Según lo que dice este soldado, se están invirtiendo ingentes recursos en la adquisición de equipo bélico, pero muy poco en el recurso humano.
"Cuando salimos a patrullar con altas posibilidades de contacto con la guerrilla nos dan una mínima ración de comida. Pese a ello y en mi caso, que he tenido a mi mando la comandancia de una patrulla, me he visto obligado a presionar a mis compañeros para que se esfuercen más, a sabiendas de que mi exigencia es arbitraria puesto que estamos mal alimentados y mal dormidos. A veces los helicópteros se demoran entre tres o cinco días para llevarnos abastecimientos y víveres a la zona donde se libran los combates".
En esas condiciones, entonces, es muy difícil poder "ganar la guerra", como dicen estar ganándola los altos oficiales militares y el propio gobierno de Uribe Vélez.
Pero, adicionalmente, señala Camilo, "bajo el pretexto de que ya devengamos un salario, en la Fuerza Aérea nos obligan a comprar por nuestra cuenta algunos elementos de dotación. Sin embargo, en nuestro caso nos están adeudando hasta ahora el sueldo de diciembre y no nos han pagado la prima de navidad".
El cuento de la estrategia de "Seguridad Democrática" adobado con la diciente frase del presidente Uribe Vélez en el sentido de que él es "un civil con alma de militar" ha servido como sofisma para tratar de generar la "impresión" de que hay una completa "reingeniería" de las Fuerzas Armadas y que el país puede tener la suficiente confianza en ellas porque están estimuladas y por lo tanto vienen doblegando a la insurgencia. Pero ya comienzan a sentirse síntomas de malestar en algunos sectores castrenses. Y no es para menos, pues según señala Camilo, este gobierno que dice tener espíritu marcial quiere aumentarle los años de servicio a los militares para poder obtener su sueldo de retiro, y es obvio que
esto genere inconformismo.
En el plano de los escasos resultados de las operaciones militares y de inteligencia, también el desestímulo en las filas de oficiales y suboficiales es perturbante. Por un lado basta observar la gran cantidad de jóvenes soldados lisiados, minusválidos, mutilados o con desordenes mentales producto de la confrontación armada que terminan echados a su suerte porque el Estado es muy poco, por no decir casi nada, lo que los auxilia; y de otra parte, la manera como la guerrilla viene "posicionándose" en vastas regiones del país sin que
las Fuerzas Armadas puedan acorrarlarla y derrotarla genera, igualmente, decaimiento e incertidumbre en las filas.
"Hace apenas un mes no más, diez compañeros que pretendían infiltrarse para hacer inteligencia militar en Ciudad Bolívar, el sector más deprimido de Bogotá, fueron descubiertos por los milicianos de las Farc y de inmediato los ejecutaron. Este hecho nos produjo un gran impacto emocional, pero nosotros, impotentes, no tenemos más remedio que irnos acostumbrando a esta dura realidad", sostiene Camilo, quien junto a miles de jóvenes colombianos vienen sirviendo de carne de cañón en un conflicto que les ha tocado soportar y ser víctimas, pero que en definitiva, no es el suyo. Porque, en últimas, ni Camilo, ni los centenares de Camilos adolescentes que ni siquiera han cumplido los 20 años y que hacen parte ya sea de las filas del ejército oficial o del ejército insurgente saben a ciencia cierta por qué carajos luchan. Pero en fin, sus ilusiones seguirán truncadas y sus expectativas no tendrán futuro ya que en Colombia no hay espacio ni tiempo para soñar. Sin embargo, esas son las consecuencias de toda confrontación y lo que importa, a cualquier precio, es cómo doblegar al contrario y en esa filosofía guerrerista y en el lenguaje de los fusiles está inmerso el gobierno del presidente Uribe Vélez, quien no ha tenido reato para solicitar en forma reiterada, tanto en Quito como en Davos, la intervención de tropas gringas a la manera del Golfo Pérsico para derrotar a la guerrilla colombiana, reconociendo tácitamente la incapacidad de las Fuerzas Militares.