DESDE AJODAR
COMO UNA SOMBRA ACUSADORA
Jose
Almeida Afonso
El escritor e
intelectual canario Víctor Ramírez ya nos advirtió del riesgo y de la fatalidad
que nos persigue, como una sombra acusadora, cuando nos enfrentamos a los
poderes fácticos –desde el ejército armado, a los caciques de turno, pasando
por las órdenes clericales o, los ahora, tan extendidos y `respetables´
prestamistas- que desde hace más de cinco siglos hasta la actualidad, dominan
todos los órdenes de la vida política, social, económica, psicológica y
cultural de nuestro pueblo canario, indefenso e ignorantado
hasta lo indecible, sumiso y hospitalario hasta la insultante provocación.
Por esto llega a
manifestar en alguna ocasión "Hay conciencia, mala suerte, y ansias de
palabra libre, honesta, mala suerte".
Ellos –los siempre
tiránicos jefecillos, desde lo alto de sus más despreciables poltronas (les
molesta el menor contacto, el más mínimo roce, con los que son sus fieles
súbditos y vasallos)- han decidido y ordenado qué formas de vida (y de muerte),
son las que deben imperar según los intereses y conveniencias de sus verdaderos
amos, los que desde la lejanía de la metrópoli primero -y ahora desde la
marcada distancia de los estados supranacionales europeos- han ido indicando el
camino convenido, dependiendo de las distintas fluctuaciones o cambios que cada
época o momento histórico, les iba planteado y requiriendo. Su objetivo,
perfectamente aprendido y bien planificado es perpetuar sus mezquinos e innombrables
intereses, bajo la inspiración de sus oscuras y siempre perversas e
inconfesables ambiciones.
Aún sabiendo esto,
uno de entre los más lúcidos y comprometidos intelectuales, de estos nuestros
africanos peñascos del Atlántico, que intenta sobrevivir reconociendo, con la
fuerza que te regala el firme convencimiento de no envidiar a semejantes o la
de no codiciar instrumentos con apariencias atractivas. O también, rechazar
sugerentes y bien presentados logros del progreso científico de los últimos 10
ó 15 años, interesadamente manipulados y representados hasta la saciedad a
través de los mal llamados medios de comunicación social como tiempos de
confusión y derrota de los principios solidarios entre las personas y los pueblos.
De no sentir siquiera el deseo de poseer riquezas, privilegios, ni prebendas,
salvo un cachito de tierra donde habitar y lo mínimo para mantener las necesidades
que te impone la naturaleza animal del ser humano.
A pesar de tener un
par de cosas lo suficientemente claras, por lo evidente de sus descaradas
demostraciones diarias de cuáles son sus métodos para la consecución de los
fines que se plantean como meta. O, incluso, de la manifestación de cuáles son
sus más veladas o confesadas intenciones, que pretenden aplicar a nivel mundial
para lograr lo que ellos entienden por progreso, desarrollo y bienestar social
y cultural de las personas: dependiendo siempre de las específicas necesidades
del momento y de sus particulares características, eligen distintos tipos de
maquinarias –desde la más sutil e impensable, a la más cruel y aniquiladora-
con tal de conseguir sus planeados propósitos.
Decía, que a pesar
de esta contundente y demostrada realidad diaria, que sufrimos y padecemos los
que creemos que son posibles y aplicables otros modelos de desarrollo, de
progreso, de bienestar social y cultural en los distintos pueblos del mundo,
hay momentos que caemos en la duda y "Terqueamos con la pregunta ¿para
qué?, con la pregunta ¿por qué? Y anhelamos secretamente dejar la obstinación,
abandonarnos desidiosos en la idolatría arrullante
que nos rodea a toda hora de nuestra vida".
Esto ocurre sólo en
un instante porque la explicación que clarifica la duda, que consigue iluminar
el propósito perseguido de descubrir certeramente lo que permanecía oscuro e
inalcanzable, al alcance de cualquiera que sencillamente se atreva a intentar
descubrir las posibilidades de otras verdades, que se pare a plantease la
existencia de otras formas de vivir y morir.
Incluso se me ocurre,
que, podría surgir del sentimiento de querer compartir con los demás lo poco o
mucho que has conseguido obtener con tu trabajo, con tu esfuerzo o tus
conocimientos.
Definitivamente,
llegado el posible caso de terminar planteándote la inevitable derrota de tus
ideales, siempre nos quedaría la verdad de que "aunque no hubiera una
razón para la esperanza, siempre habrá razones para la dignidad".
Y la única dignidad
posible en territorio dominado es
ARTEVIRGO.