'Soto' caballo y rey

Ramón Moreno

La cuestión del Sáhara sigue gravitando peligrosamente sobre el futuro de Canarias. Y la "ofensiva diplomática" del representante del Frente Polisario en la ONU, Ahmed Bujari, en nuestro Archipiélago, se enmarca en la estrategia -perfectamente diseñada por Argel- de contrarrestar el viaje del presidente Adán Martín a Marruecos, donde fue recibido por el propio monarca Mohamed VI, en un gesto sin precedentes en las relaciones canario-marroquíes.

A ello hay que añadir la reciente visita a las Islas de una relevante delegación del vecino país, presidida por un enviado especial del Rey, que suscribió un acuerdo de colaboración formalizando un "comité mixto empresarial canario-marroquí" que constituye un importante instrumento de cooperación. Aspecto, que me congratula enormemente, ya que desde hace muchos años ha venido defendiendo junto a otros iluminados- el fortalecimiento de las relaciones bilaterales, con la constitución de la Asociación de Amistad y Cooperación CanarioMarroquí, en 1984, que ya, desde entonces, propugnaba una "política de complementariedad" entre el archipiélago canario y el Reino de Marruecos, como corresponde a dos vecinos que, lejos de tópicos están condenados a entenderse, pese a todo.

Pero el problema del Sáhara no es ajeno a estas relaciones de vecindad. Por un lado, a Marruecos le interesa sobremanera, que desde Canarias, donde siempre ha habido una gran simpatía por el pueblo saharaui (y un comercio floreciente en la época de la ex colonia), se reconozca "de facto" la marroquinidad del Sáhara al que considera "sus provincias del Sur", y por otro lado, estas relaciones, pero sobre todo, posibles actuaciones empresariales en el territorio en litigio, despiertan las lógicas suspicacias y el rechazo del Polisario, que ve en ellas un acto hostil hacia la causa saharaui y una artimaña más de Marruecos en su afán anexionista.

En este contexto, no es casual la reciente dimisión de James Baker, que se inscribe

en la estrategia reciente de designar a Marruecos como "aliado privilegiado" de los Estados Unidos en su lucha global contra el terrorismo. El próximo viaje del Rey Mohamed VI a Washington para entrevistarse con el presidente norteamericano George W. Bush refleja la importancia de los acuerdos, donde la lucha contra el fundamentalismo islámico y el terrorismo serán prioritarios a la cuestión del Sáhara, donde Bush está dispuesto a hacer concesiones.

No obstante, las Naciones Unidas siguen comprometidas con el Plan de Paz para el Sáhara, como lo confirma el reciente nombramiento de Alvaro de Soto, presitigioso diplomático peruano -pero sin el peso de su antecesor- como sustituto de James Baker y único representante especial del secretario general de la ONU Kofi Arman para el Sáhara Occidental. De Soto se ocupará de trabajar con las partes del conflicto y los países vecinos en la búsqueda de una solución. Según Annan, la labor de su nuevo representante para la ex colonia española debe basarse en la autodeterminación del pueblo saharaui y de acuerdo con los principios de la Carta de las Naciones Unidas. De cualquier forma, la situación podría ser extrema de aquí al 31 de octubre, cuando expire el mandato de la Misión de la ONU para el Referéndum en el Sáhara Occidental (Minurso) y el Consejo de Seguridad debata su renovación.

Pero el asunto de fondo que subyace en el conflicto del Sáhara, como ya he señalado en un artículo anterior, es el contencioso histórico argelino-marroquí y la estrategia de Argel de garantizar una salida al Atlántico para su gas. Y este es el gran caballo de batalla de la diplomacia de ambos países. Mientras el reelegido presidente argelino Abdelazis Buteflika, gran defensor del Polisario, apuesta decididamente por una solución tipo Timor Oriental, expertos en el Magreh y analistas internacionales ven inviable esta solución y subrayan que el nuevo escenario sólo beneficia a Marruecos, que había rechazado el Plan Baker II. El propio ministro de Asuntos Exteriores marroquí Mohamed Benaisa, ha confirmado

que la marcha de Baker se debía a la "tenacidad de la diplomacia marroquí". En Canarias, donde vivimos con cierto desasosiego toda esta situación, dada nuestra vulnerabilidad, el pueblo comienza a mostrar cierto temor ante el auténtico aluvión de marroquíes (se ven por todas partes) y que según algunos observadores es una nueva versión del Caballo de Troya en la modalidad de chalanas -patroneadas siempre por marroquíes- y en las cuales, llegan sin cesar ciudadanos magrabíes que dicen ser saharauis (con la lección bien aprendida) cuando en realidad son marroquíes.

No es de extrañar, por tanto, la lógica reflexión del pueblo canario ante esta grave y preocupante situación. 0 Marruecos no puede (si lo hace con los pesqueros) controlar sus fronteras y terminar con las mafias de la inmigración ilegal, o no quiere, por razones fácilmente imaginables, lo que confirmaría la denuncia que en su día hizo la alcaldesa de Tuineje, ante lo que consideraba una auténtica "marcha azul" que continúa imparable.

A la vista de este sombrío panorama, la pregunta que cabe hacerse es obvia: ¿Puede Canarias mantener buenas, sinceras y leales relaciones de amistad y cooperación con el Reino de Marruecos, por mucho que uno quiera, y pese a la vecindad, ante acontecimientos de esta naturaleza? Por su parte, el Rey Mohamed VI, que heredó de su difunto padre Hassan II un país con grandes desigualdades sociales, sigue empeñado en sus políticas de reformas y recientemente a remodelado su Gobierno ante la lentitud de éstas. El gran perdedor de este reajuste ministerial ha sido el primer ministro, el tecnócrata Driss Jettu, que pierde a su hombre de confianza en el gabinete, encargado de las reformas económicas, Abderrazak Musadeq, al que ha sustituido Rachid Talbi. Todos los ministros llamados "de soberanía", los que nombra el Rey sin esperar a las propuestas de su primer ministro siguen en el Gobierno; y es que en Marruecos, formal Monarquía Parlamentaria, el Rey reina y gobierna.

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