La trampa de Pedro de Vera a Doramas (*)

Un sábado por la mañana del mes de junio de 1448 bajaba el caudillo canario Doramas desde los riscos de San Lázaro al cuartel del general español Pedro de Vera para una entrevista ya concertada.

Iba escoltado Doramas en aquella mañana calurosa, al atravesar lo que es hoy la plaza de Santa Ana, por el faycan de Telde Acorayta; el de Agüimes: Egenacar, y por el de Arucas: Guriruguian. El Jefe caminaba enérgico, reluciendo su torso fornido y bella musculatura, usando unas sandalias de cuero de cabra con gruesas tiras que le llegaban hasta las mismas rodillas, al tiempo que empuñaba su temible espada de tea y su rodela de drago.

La comitiva de aborígenes, acrecentada por tres vasallos escogidos en los cantones de Moya, se dirigía al feudo del mandatario español para aquella reunión trascendental, como era la de un canje de prisioneros entre españoles y nativos. Una esperanza que parecía iba a ser dichosa, porque lograba desaparecer refriegas y escaramuzas en diferentes puntos de nuestra Isla. Por tal motivo, esa reunión anunciada causó gran jubilo porque determinaba el fin de muchos sufrimientos y la paz tan acariciada.

Como decíamos al principio, cruzó Doramas la plaza de Santa Ana de forma arrogante para dirigirse al acuartelamiento del general Pedro de Vera, situado en aquel entonces en un ángulo norte de lo que es hoy la Casa de Colón. Una vez en los dominios militares del general, se hizo anunciar el caudillo canario con olímpica indiferencia, hasta que pasados unos instantes hace su presencia Pedro de Vera, el cual, afectuosamente, invita a la comitiva a pasar a los interiores del cuartel y les invita a tomar agua fresca para saciar la intensa sed de todos los viajantes.

El general Pedro de Vera, una vez dispuesto para el parlamento acordado por ambas partes, ordena que se retiren los vasallos que escoltan a Doramas, al tiempo que presenta a sus subordinados: capitan Miguel de Mujica, su primo Juan Siberio, Miguel de Trejo de Carvajal y a su hermosa infanta canaria Thenesoya Vidina, casada con el caballero normando Maciot Perdomo de Bethencourt.

En la conversación entablada entre los des jefes se deduce desde un principio que el general no trata de profundizar el tema de canje de prisioneros, lo que se traduce más bien en una encerrona cuando el general tuvo la osadía sorprendente de vociferar amenazas e improperios a los nativos, exigiendo sin condiciones la entrega inmediata de unos sesenta prisioneros españoles en los cantones de Galdar. Además, el general Pedro de Vera, sin intervenir sus subalternos, acusó a los guerreros de Doramas de salvajes porque quemaban vivos a muchos prisioneros españoles.

Ante las gravísimas acusaciones del general, narradas en otras ediciones periodísticas e ilustraciones pasados varios siglos, como es suponer, nuestros más eruditos historiadores dudan y rechazan aquellos argumentos de salvajismo por matanzas, y tanto Viera y Clavijo y A. Millares son dubitativos de que se empleara la muerte en la hoguera, sin embargo Abreu Galindo niega rotundamente la muerte del prisionero por métodos tan inhumanos.

Repetimos, ante las duras alusiones del general en la histórica entrevista, Doramas, sereno y persuasivo, respondió a Pedro de Vera que en las guerras no se admitían piedades como ocurría con sus compañeros de raza, que además de ser despojados de sus tierras y ganados, eran torturados y muertos a tiros por los arcabuceros castellanos si se resistían, para más tarde ser encadenados en las playas de Arguineguin, o Guiniguada, esperando ser vendidos como esclavos negros en los mercados de Sevilla y Valencia.

El general español, descompuesto y humillado, ante las referencias del caudillo canario, quien incluso se negó a un cambio de religiones, rechazando el bautismo cristiano, hizo intervenir como decíamos anteriormente a los suyos para comunicarles su funesta decisión de decretar la famosa trampa de detener y encarcelar a Doramas y acompañantes aprovechando la ventajosa situación.

Ante el delicado momento e injusta decisión de Pedro de Vera, el capitán Miguel de Mujica y Thenesoya Vidina se negaron a secundar semejante patraña, convenciendo al general de no realizar una traición de tanta bajeza. Y sobra decir por lo tanto que toda la comisión isleña se marchó como mismo había venido.

Sin embargo, Doramas jamás volvería a Las Palmas y tan sólo su cabeza decapitada se exhibió por la ciudad, concluida la batalla de Arucas el 30 de noviembre de 1481 entre los bravos guerreros del caudillo y las tropas del general castellano. Pero es bueno finalizar con los hechos más sobresalientes de la historia, porque casi tres años después de la muerte de Doramas, la Isla nuestra estaba y huérfana de guerrillas de combate, añadiéndose el trágico suicidio de Bentejui al grito patriótico de ¡Atis Tirma!, con lo cual desaparece el ultimo caudillo guanche y seguidamente la incorporación de Gran Canaria el 29 de abril del año 1483 a la Corona de castilla.

(* Canarias 7- Opinión: Julio Vera Trujillo.)