Los últimos restos coloniales de España en el N.O. África

 

Francisco P. De Luka

En la primera Cumbre de la recién creada Unión Africana(UA), transformación político-jurídica de la antigua OUA, celebrada en Durban (Sudáfrica) del 8 al 10 de Julio pasado, sólo dos expedientes de descolonización se sometieron a la consideración del Sr. Amara Essy, presidente de la Comisión africana: el Sahara Occidental, con la fuerte oposición de Marruecos, único Estado de nuestro Continente que no forma parte de la UA (precisamente por este motivo) y la isla de Mayotte, territorio de ultramar francés que pertenece geográficamente al Archipiélago independiente de Comores y aún bajo administración gala. En los días inmediatamente posteriores a la Cumbre y a raíz del conflicto hispano-marroquí por el islote de Leyla, la cuestión de la descolonización de los últimos enclaves coloniales en África adquiere toda su vigencia y pasa al primer plano de la actualidad. Los medios de comunicación africanos y los diversos círculos diplomáticos oficiosos, animados por la iniciativa libia de solucionar definitivamente el contencioso de Leyla y demás territorios marroquíes, sacaron a la luz viejos asuntos pendientes como la isla de Reunión (territorio bajo administración francesa), Islas Canarias (territorio bajo administración española) e incluso la isla de Diego García, territorio que reclama Isla Mauricio a EE.UU. Así, según la revista "Jeune Afrique" (nº2167), la Jamahiriya libia defiende que los contenciosos del islote Leyla, Sebta, Melilia y las Islas Chafarinas, son un simple asunto de descolonización a resolver pacíficamente entre España y Marruecos. El citado Semanario señala igualmente que "en lo sucesivo la Unión Africana debería prestar un poco más de atención a los independentistas de Canarias o de Reunión". En el plano oficial y a raíz de las declaraciones post-cumbre del Sr. Amara Essy a la prensa pugnando por un tratamiento político en el delicado tema de la descolonización, un portavoz de la Unión afirmó que "Marruecos no se dirigió oficialmente a aquella en este contencioso con España (lo hizo a la ONU, a la Liga Árabe y a la Conferencia Islámica), aunque es innegable que este asunto sitúa en el candelero el estatuto de las islas africanas todavía bajo dominación extranjera".

Volviendo al episodio concreto de Leyla no podemos por menos que mostrar nuestro asombro y nuestra justa indignación por la actitud prepotente del Gobierno español que responde de forma desproporcionada a la ocupación legal de un trozo de territorio marroquí situado a 200 m. escasos de la costa a fin de controlar rutinariamente el tráfico de drogas, el contrabando (tan perjudiciales al país norteafricano) y la inmigración ilegal de la que, por cierto, tanto se quejan, y con razón, las autoridades ibéricas. Ridículo papel el de los quijotescos españoles que creyeron ver seres gigantescos donde sólo existían seis gendarmes. Jugosas fueron las ironías aparecidas en la prensa europea de Gran Bretaña, Francia o Alemania al comentar el despliegue de tres fragatas, dos corbetas y dos submarinos, así como helicópteros Cougar y aviones de reconocimiento enviados al "roquito" y al resto de la costa norte de Marruecos. Igualmente "patriótica" la "lucha" llevada a cabo por los "bravos" legionarios "novios de la muerte", dispuestos a la "caza del moro", etc. Como ven, un arsenal militar impresionante para un asalto de película de risa a un risco de 13,5 Ha. de extensión, habitado por las cabras de la vieja pastora bereber que ya pide daños y perjuicios por la muerte, por "espanto sónico" y subsiguiente desriscamiento, de diez de sus animales a causa del infernal ruido de los helicópteros.

Posiblemente los españoles conozcan lo que señala la "Geografìa Universal" de Malte-Brun (1865, tomo VI, p.193): "En las costas del Rif España posee algunos enclaves que no tienen ninguna importancia política o comercial. Pero es importante que no caigan en poder de los marroquíes porque podrían convertirse en bases de piratas"(sic).

Entenderíamos ahora la "reconquista" de "Perejil" entrado ya el siglo XXI: España, en su papel de depositaria de la "unidad de destino del mundo occidental", "garante de los valores eternos de Europa y su cultura", bla,bla,bla.. cumplió con su deber. El mundo civilizado está salvado. Ya pueden estar tranquilos el Yachting Club de Ibiza, la Costa del Sol o los numerosos cruceros turísticos que surcan el Mediterráneo, libres de la amenaza del "corsario berberisco", el moro "Muza" con el que asustaban las madres españolas a sus hijos insomnes.

Por otra parte, esperpénticas y malintencionadas fueron las comparaciones realizadas el pasado 25 de Julio por la ministra española de AA.EE. en el sentido de equiparar el envío de una decena de agentes de seguridad marroquíes a Leyla y el monstruoso acto criminal llevado a cabo por Israel contra la población civil de Gaza. Se necesita una buena dosis de maquiavelismo para tratar de confundir y envenenar las relaciones canario-marroquíes -e hispano-marroquíes- con semejantes afirmaciones que trascienden a la opinión pública canaria, ya predispuesta y aleccionada desde siempre -y ahora más- en contra de un país vecino.

En el fondo subyace un miedo obsesivo a perder las dos plazas-fuertes de Sebta y Melilia, y las islas adyacentes del Mediterráneo. El asunto de Leyla no hace sino poner de manifiesto las graves contradicciones coloniales de España, país económicamente sólido y bien integrado en la U. Europea pero que no ha conseguido aún despojarse de sus antiguos vicios colonialistas y reaccionarios que datan de épocas totalmente caducas, vicios impropios de los albores del tercer milenio. Contradicciones que se acrecientan con el actual interés de dicho país que negocia la recuperación de Gibraltar -territorio español- con Gran Bretaña, mientras que rechaza de forma categórica el inicio de negociaciones o conversaciones, entre países modernos y civilizados, para tratar los espinosos temas de Sebta, Melilia y las Islas Chafarinas, digan lo que digan los españoles, y al igual que el Archipiélago Canario, territorios norteafricanos no deshabitados incorporados al Imperio por la fuerza de las armas, puesto que en ellos existían poblaciones autóctonas anteriores. Procede aquí citar aquella célebre frase del gran pensador español Pi y Margall: "Nunca se adquiere la propiedad sobre las tierras conquistadas por la fuerza, ni aún con la prescripción de los siglos".

El islote de Leila jamás fue considerado durante la crisis territorio bajo su soberanía por parte del Gobierno español, ni que formara parte de su territorio nacional. Era totalmente desconocido por casi todo su pueblo. España sólo reivindicó su vuelta al "status-quo" anterior. Evidenció con ello su pleno conocimiento en el sentido de que trás la independencia de Marruecos, en 1956, pasó de "facto" a ser territorio magrebí por formar parte del antiguo Protectorado español del Norte.

En cuanto a las "plazas de soberanía" de Sebta y Melilia y las Islas Chafarinas habría mucho que decir. En síntesis, Sebta fue conquistada por los portugueses en 1415, por una acción militar sobre los marroquíes y pasó a la Corona española en 1578 en tiempos de Felipe II, aprovechando la muerte del rey Sebastián de Portugal y el consiguiente vacío de poder. Melilia, perteneciente asímismo al sultanato del norte, fue conquistada por el duque de Medina Sidonia (uno de los principales personajes en la financiación y conquista de la isla de Tenerife, a finales del s.XV) en 1496 por la fuerza de las armas a las poblaciones rifeñas que la defendían y hasta 1556 no pasó a la Corona española.

Comparando los status jurídicos de los territorios marroquíes ocupados y la plaza de Gibraltar se aprecian evidentes paralelismos. La conquista por la fuerza de las armas de los dos enclaves norteafricanos se consagró jurídicamente por dos tratados hispano-marroquíes: el del 24 de Agosto de 1859 para Melilia y el del 26 de Agosto de 1860 para Sebta (Prof.Rachid Lazrak, Facultad de Derecho de la Universidad de Casablanca). Esta misma vía histórica se encuentra en el caso de Gibraltar, conquistada el 4 de agosto de 1704 por la Armada anglo-holandesa aprovechando la guerra de Sucesión en España. Esta conquista por la fuerza de las armas se consagra jurídicamente por el Tratado de Utrech el 13 de Julio de 1713, que en su artículo 20 dice: "El Rey Católico (español) cede, por este Tratado, a la Corona de la Gran Bretaña, tanto para ella como para sus herederos y sucesores, la plena y entera propiedad de la villa y castillo de Gibraltar".

Existe pues una contradicción en la postura española: si se reclama la vuelta a su soberanía de la plaza fuerte actualmente bajo administración inglesa, con un acuerdo de cosoberanía ya prácticamente concluído, ¿por qué no se inicia aunque sea una "célula de reflexión", según la propuesta marroquí, en los casos de los territorios norteafricanos? Sin embargo mucho nos tememos que la cerrazón del Gobierno PP y de su flamante nueva ministra ("si lo sé no vengo"), con la anuencia del PSOE, conduzca la situación a un callejón sin salida política. De todas formas queda patente nuestra postura tradicionalmente anticolonial que nos guía a informar veraz y documentadamente a nuestro pueblo canario en el camino hacia la libertad. "La ignorancia es una colina rodeada de peligrosas fugas" (proverbio rifeño).

Canarias, julio de 2002

Nota de la Redacción: Este artículo fue escrito en julio de 2002 y sigue teniendo plena vigencia.