Unidad y consenso

Por Fernando Martín *

NO SE me ocurren dos temas sobre los cuales haya mayor grado de unidad y consenso entre los puertorriqueños que el de la oposición a la guerra contra Irak y el de la necesidad de encontrar los mecanismos apropiados para resolver de una vez y para siempre nuestro status político.

Paradójicamente aunque existe esa unidad y consenso sobre ambos asuntos se requiere liderato comprometido y convocatoria eficaz para poder articular la voz de esas mayorías de forma efectiva y contundente.

El miércoles pasado ese ejercicio de liderato se manifestó en el caso de la oposición a la inminente agresión militar urdida y promovida por el Presidente Bush contra Irak. En conferencia de prensa celebrada en el Seminario Evangélico de Puerto Rico la Coalición Ecuménica --con el apoyo y endoso de decenas de organizaciones religiosas cívicas, laborales y políticas (incluyendo al Partido Independentista Puertorriqueño)-- a través de su portavoz, el reverendo Wilfredo Estrada, convocó a todos los puertorriqueños a una gran concentración contra esta guerra para el domingo, 23 de marzo. Esta actividad multitudinaria habrá de llevarse a cabo a la entrada de la cuidad de Caguas (frente al monumento a la mujer indígena) al medio día y en ella los puertorriqueños nos uniremos a los incontables millones alrededor del mundo y en los Estados Unidos mismos que repudiamos el ilegal e injustificado uso de la fuerza militar por parte de los Estados Unidos en las actuales circunstancias.

Un país como el nuestro, cuya condición colonial hace imposible la participación de nuestro pueblo en la decisión de los Estados Unidos de hacer la guerra pero que a la vez coloca en riesgo de muerte a miles de puertorriqueños a quienes la ley de hierro de la pobreza y la necesidad han llevado a ingresar en las fuerzas armadas, tiene una especial obligación de hacer sentir su voz y su posición contra esta guerra de agresión y de conquista económica.

Esta convocatoria amplia en su alcance y firme en su denuncia deberá servir también de advertencia a aquellos sectores oficialistas cuyo instinto es hincarse de rodillas ante el Presidente de los Estados Unidos cuando de guerra se trata. Este momento requiere solidaridad con nuestro pueblo y con la humanidad y no colaboración con la claque guerrista que hoy se impone en los Estados Unidos.

De la misma manera que la unidad y consenso de nuestro pueblo sobre la guerra ha encontrado cauce y expresión en la convocatoria que hacemos todos a través de la Coalición Ecuménica, resulta indispensable y urgente que la incuestionable y abrumadora mayoría de los puertorriqueños que desean resolver el problema del status, encuentren también los instrumentos para hacerlo.

El Partido Independentista Puertorriqueño ha reiterado constantemente su disposición a dialogar de buena fe y a hacer propuestas constructivas en este esfuerzo.

En el caso de los anexionistas no cabe duda de que más allá de la obstinada negativa del actual Presidente del Partido Nuevo Progresista (PNP) hay una gran masa de estadistas deseosos de ver poner en marcha un proceso con respecto al status siempre que sea en condiciones de igualdad y equidad.

En el Partido Popular Democrático (PPD) sólo falta la determinación de la gobernadora Sila María Calderón de superar los escollos que Carlos Pesquera ha puesto en su camino. Superar esos escollos no es sólo posible e importante sino necesario y urgente.

Todo parece indicar que al precedente de unidad que significó la lucha por la paz en Vieques habrá de sumarse un próximo precedente de unidad nacional en la lucha contra la guerra que se avecina. Este nuevo triunfo de la solidaridad puertorriqueña en contra de la injusticia debe servir de estímulo a los que, en cuanto al status se refiere, están todavía deshojando margaritas.

* Presidente Ejecutivo - Partido Independentista Puertorriqueño

28 de febrero de 2003