La verdad nos hará libres

¿Cuál, qué verdad? La verdad para el pueblo de la Nación canaria y de sus siete contrastados territorios que nos dan siete versiones similares posibles de coordinar, donde las contradicciones son mas que asumibles si se coloca el interés general por encima de cualquier otro particular o de centros de intereses no coincidentes con los mayoritarios de bien público.

Pero, allí donde las verdades no son de coincidencia posible, son con los intereses coloniales españoles. Particularmente en el aspecto económico, el saqueo de nuestro territorio, conjuntamente con la corrupción e ineficacia de nuestra menos que mediocre clase política, hace presagiar un futuro inmediato de desastrosas consecuencias para nuestro pueblo.

¿Cómo hacer una reflexión serena, sin echar sapos y culebras, frente a las disparatadas afirmaciones de una Presidenta de cabildo (Gran Canaria) de construir cien campos de golf, o de un viceconsejero del Gobierno que se reafirma en ello? ¿Cómo clasificarlos?. O bien nos toman por lo que no somos, o bien nos encontramos frente a dos, entre muchos, exponentes de unos niveles indignos de ocupar los cargos que, por respeto a la dignidad de nuestra "administración", nunca debieran ser merecedores. Pero esto es sólo un ejemplo de que la verdad en la colonia, hasta ella, ha sido corrompida.

Está claro que esta clase política, un 3% que controla la mal llamada legalidad gobernante mediática en su provecho el ejercicio del poder socioeconómico, habiéndose constituido en una "mafia" poderosa, sin distinción ideológica, y donde las claves son un proporcional reparto del poder en detrimento del 97% de la población.

Todo esto tiene su fiel reflejo en las estadísticas, las cuales tienen un día de corto protagonismo y pasan a peor vida durante los otros 364, ¡y aquí no ha pasado nada!.

Debemos pues terminar con "esto". Hay que exterminar la corrupción; hay que reducir a cero una clase política instalada en la ineficacia, debemos extirpar de nuestra geografía política tanta basura impropia de un pueblo cuyo sentido de la ética y de la moral siempre fue otra, incluso en este atroz y tiránico periodo colonial.

En tantas reflexiones que nos inspiran la triste saga de nuestro pueblo, nos viene la frase del italiano Dante, obra componente de la biblioteca de mi padre, en nuestra casa de La Laguna, saqueada y destruida por los franquistas en 1936; escribió Dante: "perdamos cualquier esperanza". Pero pese a los largos 500 años de oscurantismo, mediocridades, cobardías y melifluos oportunismos como tónica constante, con alguna excepción de coraje y pundonor, no podemos perder la esperanza; nuestro cielo es radiante, nuestra tierra es cálida y amorosa, siempre acariciada por nuestro mar, tierno y apasionado; escuela de hombría y temple para el coraje. ¡No!, pese a tanta basura, terminaremos por UNIR a las mujeres y hombres que la barrerán implacables con la justicia popular y nuestra ultrajada razón por bandera.

La legalidad es la nuestra; poner fin a la inmoralidad y corrupción social nuestro primordial objetivo. El fascismo vuelve a tomar el poder, hay que ser coherentes y derrotarlo antes que nos destruya y con ello todo lo que es cultura y bien estar adquirido y por conquistar. Están en todos lados, controlan la economía, léase neoliberalismo y globalización, la "democracia" a través del aborto de la denominada tercera vía y su social-democracia, que incluye sectores sindicales donde los intereses de la burocracia se imponen a los intereses reales del proletariado, es decir, de la clase trabajadora que alquila su fuerza productora por un salario creador de plusvalía (trabajo no pago) para quienes los explotan, han aprendido la lección, la dictadura meliflua no ha dejado resquicios y utilizan sus lacayos, en todos los ámbitos, con eficacia.

Ha llegado, y tenemos que enfrentarlo, la Gran batalla, a niveles de toda la geografía, pero, en particular, en esta Colonia.

E. R-Figueroa