Veinte años de vergüenzas y corrupciones
Elio Rodríguez-Figueroa
La indignidad de nuestros parlamentarios y su supeditación al colonialismo español no tiene parangón, al tiempo que vemos como los medios de comunicación divulgan, con lujo de detalles en su indignidad, lo que consideran como meritorias y generosas concesiones del Estado español al territorio que desde hace 5 siglos han sometido a la férula colonial.
Hay políticos, como el Sr. Bravo de Laguna, presidente del poco representativo y mal llamado Parlamento de Canarias, aunque mejor llamarlo por su nombre "correa de transmisión del parlamentarismo colonial", que se le llena la boca al hablar de las altas cuotas de autonomía que nos otorgan, como si ello fueran conceptos que englobaran un significado de libertad para nuestro territorio ocupado. Aquí, Señor, las únicas cuotas de autonomía para un canario digno de tal nombre son aquellas que asuman la liberación de las cadenas impuestas y cuyo marco adecuado es, y debiera ser, el de un Estado independiente.
Esto nos lleva a enfoques selectivos sobre nuestro futuro que incluye el tomar posiciones con un referente y todo lo que conlleva como definición, nos referimos a las elecciones en el 2003, y que nos ofrece como material humano y representatividad política-administrativa. Lo que hay como personajes, objetivamente, es pobre y carente de carisma; ninguno, ni por asomo, tiene el coraje de asumir lo que muchos piensan. Y digo esto puesto que algunos así lo mantuvieron en el pasado, si bien en el presente se han acomodado a la oportunidad de mejor vivir. Pero ha llegado la hora, incluso a niveles de rentabilidad política, de tener el coraje de las ideas propias y definir ante su pueblo si prefieren continuar como "lacayos" o levantar la única bandera digna e históricamente compensatorio, reclamando la legalidad para nuestro territorio. Es decir, la Independencia. Y debemos poder obtenerla a través del desbordamiento democrático, al cual llamamos a todos los patriotas canarios, sin distinción alguna.
Nuestro pueblo espera, y empieza a desesperar, un gesto de coraje político en lugar de esas insulsas y evasivas declaraciones frente a las prepotencias de las actitudes del Estado colonial español. Nuestros políticos hacen estados comparativos con otros pueblos que componen esa entelequia llamada Estado o Reino de España, pero ya es hora de definir las cosas correctamente. No tenemos nada que ver -excepto (lo que es demasiado) la opresión que sufrimos desde hace 5 siglos- con otros territorios. No tenemos unidad geográfica con España, somos África y ellos son Europa. Nuestra idiosincrasia es bien definida, nada en común con vascos, catalanes u otros pueblos del Estado español que nos coloniza. Nuestras proyecciones económicas-financieras para poder desarrollarlas tendrían que tener un marco de Estado diferente. Es decir, ser Independientes. Nuestros intereses con el Estado español son contradictorios y cercenan y coartan nuestro desarrollo, particularmente en lo que se refiere a influencias territoriales. Nuestras áreas propias, tanto en el aspecto comercial como el de crear posibilidades de desarrollo industrial, es África, nuestro continente. En lo que concierne a enmarques culturales, sin negar lo evidente: Europa, nuestra mentalidad tiene muchas más afinidades con el área Caribe, con Sur América o con el sur de EE.UU.
Lo que es indignante son las declaraciones de la clase política que hoy ostentan nuestra representatividad y que se permiten asumir lo nuestro sin derecho alguno, pues son sólo portavoces de los intereses del colonialismo. Ellos celebran 20 años de una parodia de libertad. Algunos se consuelan haciendo estados comparativos de lo mucho que han mejorado nuestras condiciones de servilismo. Pena que la capacidad de dignidad moral no les permita deslindar lo que son hombres libres y no lacayos de quienes nos oprimen. Hay que saber vivir, y morir cuando fuera necesario, y ustedes hasta hoy sólo demuestran servilismo e indignos de llamarse canarios, bajo 20 años de autonomía. ¡Cuanta pena y dolor después de tanta lucha!.