Violencia

Quienes mentalizan a nuestros jóvenes en actitudes fasistoides propicias a la crueldad, asquerosamente propia a sus métodos, recibirán su merecido. En Las Palmas, tres de tales personajes rocían cobardemente a un mendigo y le prenden fuego. Ello es un ejemplo de la vil convivencia entre la aparente opulencia de una ciudad dirigida por reaccionarios fascistas, donde, como en todo lo de la derecha, priman las fastuosas apariencias: carnavales alegóricos, festivales "artísticos", etc., sobre las necesidades reales de sus habitantes: centros culturales, sanitarios, deportivos etc., para la colectividad y todo lo que conlleva una mejor convivencia progresista.

La tónica es distraer de lo que debía ser la cotidiana y enriquecida formación ética y moral, con carácter humanista, por fáciles fórmulas de fuegos fatuos, sin profundidad alguna. Los resultados son crear un vacío hacia lo que han sido, de siempre, una tradición en lo más recóndito de los sentimientos de nuestro pueblo: solidaridad compartida. Este estado de ánimo, propio de una sociedad con valores progresistas se diluye, hoy por hoy, en unos enfoque que nada tienen en común con el pasado inmediato de quienes los sostienen.

Ahí tenemos las candidaturas de los futuros alcaldes; una amalgama de oportunistas, de saltarines ideológicos, y lo más sorprendente, ahora apoyados por quienes nos han hecho pensar que eran gente seria. Evidentemente hay una profunda fractura en la sociedad, y lo trágico es que ello está ahí, al margen de las diferencias de clases sociales. Como dicen nuestros campesinos y sus mejores exponentes, un revoltillo.

Estamos, lo venimos afirmando desde hace años, frente a la creación del fascismo, etapa superior del imperialismo globalizante del Sistema capitalista; sus pasos son cada día más firmes, que lo abocarán camino de su destrucción final. Y esperamos que lo acompañe el renacer de una nueva sociedad de igualdad en la distribución de la riqueza económica y otros atributos a lo que debiera ser una sociedad con unos valores éticos y morales de justicia equilibrada.

Hay una serie de apreciaciones sobre los conflictos a los que se enfrentan los pueblos del mundo. Damos por establecido que compartimos el sentimiento mayoritario contrario a las guerra e imponer una democracia real. No está tan definida por los traidores Social Demócratas (los lacayos del reemplazo del capital). Lo han demostrado tantas veces que toda credibilidad ni se nos plantea, como tampoco se oculta su alianza tácita con las fuerzas de la Oligarquía Colonial Española cuando los intereses coloniales, por ellos compartidos, están en juego. No podemos marginar la crítica a esos sectores bien arraigados en el poder colonial y que tienen la desfachatez de considerarse marxistas-leninistas. Esto no sólo atañe (hasta ahora) a "Izquierda Unida", también a la clase "trabajadora" (sin conciencia de clase) agrupada en los sindicatos españoles y sectores del llamado Sindicalismo canario, donde, queramos o no, están los godos infiltrados.

El hecho concreto y trágicamente cierto, es que nuestro pueblo cae en la trampa de la solidaridad y la antepone a lo que debiera ser la más sagrada de todas: la solidaridad con nuestra Patria canaria, con nuestro pueblo y con la lucha por lo primero, su libertad e Independencia. Ya lo he dicho; que nuestros intelectuales tomen sus responsabilidades, y la primera es su pueblo. Que los trabajadores asuman su deber, defender lo suyo, y que esas clases medias, tan comprometidas en su pasado franquista, se recuperen, no sólo en dignidad, sino por instinto de sobrevivencia y pragmatismo de clase, y hagan frente a lo que ayudaron a crear, y que hoy los apisona y explota, expoliándoles de la riqueza que crea todo el conjunto de nuestro pueblo y en la cual ellos participan cada vez menos, siendo los colonialistas españoles los mayores beneficiarios.

La tarea más importante para un canario es expulsar el poder colonial. Debemos evitar el genocidio, nuestro exterminio. No debemos admitir la reespañolización de nuestro territorio bajo ningún pretexto. Como consecuencia del ingreso del Estado español en la Unión europea y los acuerdos que nos marginan (Schengen), la cadena de foráneos invasores impone su abusiva ley. Debemos oponernos a este abusivo uso de poder. Entre toda esta almagama nos invade toda la basura y miseria humana del circulante humano que ellos son incapaces de ubicar decentemente, siendo que nuestras ciudades se transforman en un escaparate de vagabundos pedigüeños y lupen de toda clase.

Quieren que seamos un pueblo anodino; han intentado aculturizarnos, extirpar nuestras raíces. No lo van a conseguir, son tan profundas como lo es todo lo nuestro: nuestro mar, nuestros volcanes y, muy especialmente, nuestras mujeres y hombres unidos por la Independencia. Es el camino.

Elio Rodríguez-Figueroa