VOTOS ENVENENADOS
ANTONIO MIGUEL LÓPEZ GONZÁLEZ
Valsequillo de Gran Canaria, marzo de 2004 de Nuestro Señor. Un hombre sube a pie por un camino de cabras que lleva a una casa-cueva, medio escondida en lo alto de uno de los arrifes de un barranquillo. LLeva un puñado de papeles en su mano derecha y, con la izquierda, trinca la moña de un pequeño saco que carga sobre su hombro.
El camino es corto y empinado. Acaba en un llanito empedrado que alguien ha convertido en un patio; con la parrita, las flores y las hierbas medicinales, un banco de piedra arrancado a la pared del risco y el bernagal de la casita-cueva que la roca esconde y que solo anuncian una puerta y una ventana, siempre abiertas para dejar pasar la luz.
Al llegar al patio, su cuerpo rompió a sudar, dejó los papeles y el saco sobre un extremo del banco de piedra, se tomó un vaso de agua fresca de la talla y lanzó un suspiro y, después, un grito.
- ¡Pinitooooo .!.
Del interior de la cueva salió una mujer entrada en años, toda de canelo, por una promesa a la Virgen del Carmen, y sola. Se secó las manos en su delantal y recibió los dos besos, uno en cada mejilla, que le brindó el visitante.
- ¡Qué tiempo hasía que no te veía, mi niño! . Te hasía pa'fuera . - le dijo ella mientras estiraba su delantal y se sentaba en el banco.
- ¡No, volví el año pasado!- contestó la visita.
- ¡Ah, mu bien . eso está mejó . el que mucho abarca poco aprieta! .
¿Quieres un aguita de caña limón? . la acabo de guisá .
- No . no puedo quedarme mucho tiempo- contestó él, encogiéndose de hombros.
- ¡Siempre a la carrera . siéntate un rato!- contestó la mujer palmoteando sobre el asiento del banco.
- Es que estamos repartiendo el veneno para los ratones y no quiero que se me haga de noche- replicó él, mientras abría el saco que había dejado sobre el banco.
- ¡Ay, mi niño, no sabes como te lo agradesco, me van a comer viva! .- exclamó Pinito, llevándose las manos a la cabeza y retocándose el pañuelo canelo que la cubría- . La semana pasada me amanesió un baifo muerto, ¡to' roío por las ratas .!.
- Sí, es que hay una plaga, por lo visto. El Cabildo nos ha dado el veneno este año muy tarde y lo estamos repartiendo deprisa, antes de que se caduque . Mire, le voy a dejar medio kilo - explicaba él, mientras, del saco, salían varios puñados de bolsitas llenas de unas bolitas de color: el veneno para los ratones.
-¡Mi niño!... ¿A dónde voy yo con eso?. ¡Déjame por lo menos dos kilos! . ¿tu has visto bien donde vivo yo?- se quejó Pinito, levantándose y empezando a meter las bolsas de veneno que le entregaban en un saco viejo y medio roto, que sacó de debajo de una maceta.
- Bueno, bueno, le voy a dejar dos kilos - contestó el hombre, sacando unas cuantas puñadas más y sacudiéndoles el polvo y la tierra acumulados en las últimas semanas por su almacenamiento en los depósitos municipales a la espera de la llegada de aquellas fechas. Los metió en el saco viejo y se empenicó para coger los papeles que había dejado en el banco de piedra.
-También le voy a dejar estos papeles; son los sobres y las papeletas de mi partido para que nos vote- dijo el hombre abriendo uno de los sobres y sacando un papel de él.
- ¡Claro que sí, mi niño, traiga usted eso pa'cá! . Ustedes son los únicos que viene trayendo cosas . ¡los demás no vienen sino a pedí .! - se quejó Pinito, zumbando el saco, de nuevo, debajo de la maceta y volviéndose a sentar en el banco de piedra - ¡A vé, trae acá .!.
Ahora, nuestro hombre, sí que se sentó; le entregó los papeles a Pinito y le fue diciendo quienes eran las personas que aparecían en las papeletas y le enseñó un librito con las fotos de cada uno de ellos.
- ¡Bueno, Pinito!, guarde bien estos sobres - susurró aquel hombre mientras volvía a meter las papeletas en los sobres- ¡Y no se los enseñe a nadie! . Yo le mando un coche para llevarla a votar y así usted no tiene que ir andando, ¿vale?. ¡Y no se deje engañar por los de ASAVA . que son unos ecologistas y unos terroristas .!.
- ¡Ay, mi niño, que iba a ser de mí sin ti! - gimió la mujer, recogiendo los sobres y guardándolos en un bolsillo de su delantal.
Con el saco al hombro y la conciencia limpia por un extraño sentimiento de deber cumplido, aquel hombre empezó a desandar el camino. Mientras llegaba a la carretera, donde tenía aparcado su vehículo todo-terreno, en lo alto del arrife, Pinito daba media vuelta y se volvía a meter en su mundo doméstico de penumbra y rutina.
La tenacidad tomó asiento junto a la mesa de una cocina austera y sus manos, curtidas por infinidad de sacrificios, abrazaron la taza que allí estaba sobre un libreto abierto.
- ¡Tu sigue trayendo a esta casa todo lo que quieras . que todo lo recibiré . pero, con mi voto, yo hago lo que me da la gana- pensó Pinito, mientras tiraba aquellos sobres a la basura para seguir leyendo aquel libreto abierto: el programa electoral de APC y una hoja suelta que decía "ASAVA APOYA A APC".
El aguita de caña limón ya estaba fría y, mientras leía, la iba consumiendo en pequeños sorbitos.
- ¡Esta gente nueva, sí que se merecen una oportunidad! - exclamó, al terminar su lectura, mientras cerraba el libreto y apagaba la luz para irse a dormir. Mañana tendría que madrugar mucho; tenía que votar a primera hora, antes de que la vinieran a buscar.
* ANTONIO MIGUEL LOPEZ GONZALEZ,
Licenciado en Derecho,
Candidato 2º al Congreso de Diputados
por ALTERNATIVA POPULAR CANARIA (APC).
ASAMBLEA VALSEQUILLERA
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